Belén López-Higuera puede decir que ha superado un cáncer de mama diagnosticado en 2019, pero eso no significa que se hayan terminado sus visitas al hospital; sigue acudiendo a revisiones a Can Misses, aunque no siempre con su oncólogo. También visita la Asociación Pitiusa de Ayuda a Afectados de Cáncer (Apaac), de la que es socia.

Esta entidad tiene un punto de atención en el hospital con el objetivo de ser más accesibles a los pacientes. Su psicooncóloga, Beatriz Yusta, explica que atienden a quienes van a consulta, a los que están en el Hospital de Día, a los que están ingresados en planta o a personas en sus propios domicilios. «Nuestro proyecto surgió de la necesidad de complementar la atención sociosanitaria que existe en las Pitiusas. Desde el inicio del diagnóstico hasta el final del proceso ayudamos a los pacientes y a sus familias en la atención psicooncológica y la atención social», dice.

Echando la vista atrás, Belén reconoce lo «dura» que es esta enfermedad a nivel psicológico, algo que no siempre se tiene en cuenta. «El cáncer tiene una parte física, pero también una parte emocional. No te lo esperas nunca y, cuando te lo diagnostican, te quedas en un estado de shock». Señala que lo primero que hizo es asociar la enfermedad con la muerte, a pesar de que por suerte ya no es así. «Hay muchos tratamientos, hay avances en la ciencia que hacen que yo esté aquí y esté bien y recuperada, pero la primera cosa que te viene a la cabeza es que te morirás», lamenta.

«Los médicos hablan y hablan y tú ya no escuchas. Por eso son muy importantes las asociaciones y los lugares donde puedes repetir todas las dudas que tienes, explicar todos los miedos y compartir tus sentimientos en un entorno mucho más agradable y empático», subraya.

Por su parte, Yusta explica que «no es solo el diagnóstico, los tratamientos se prolongan en el tiempo y, en la mayoría de los casos, implican renunciar o parar temporalmente la vida social, laboral e incluso personal». Lo compara con el proceso que hay que pasar para superar un luto. «Primero la incredulidad hasta llegar a la aceptación e intentar adaptarse», añade.

Una parte fundamental del trabajo de Apaac es el apoyo a las familias. La psicooncóloga incide en que «ellos también necesitan orientación para saber cómo ayudar a la persona que sufre el cáncer. Nosotros facilitamos este desahogo y, después, les damos pautas para ayudarles a entender que, a veces, lo poco que se puede hacer en estas situaciones, y que realmente sirve, es el acompañamiento, el estar cerca y disponible».

Actividades y recursos

Desde la asociación también se hacen actividades, como pilates o yoga, y talleres oncoestéticos para el cuidadode la piel y el uso de pelucas. «Además tenemos voluntarios que apoyan a los pacientes que estén en el Hospital de Día o en sus domicilios», indica Yusta.

Asociaciones como Apaac se nutren de donaciones de particulares y subvenciones de las administraciones. En este sentido, el Ejecutivo autonómico destina el 0’7% del IRPF Social a la entidad.

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