La palabra cáncer nos asusta y sigue siendo tabú para muchas personas. Hay quien, incluso, teme someterse a pruebas diagnósticas que pueden ayudar a prevenir un cáncer y las pasan por alto. También hay quien siente que no podrá cuando se lo diagnostican. Esa preocupación, miedo, angustia, ansiedad ante lo desconocido la hacen más llevadera profesionales como Beatriz Yusta, psicooncóloga de la Asociación Pitiusa de Ayuda a Afectados de Cáncer (Apaac). Yusta (1984, Madrid) es licenciada en Psicología y cuenta con un master en Psicooncología de la Universidad Complutense de Madrid. En formación continua con cursos y talleres para hacer más llevadero el duro trago a pacientes y familiares, esta madrileña afincada en Ibiza desde hace más de una década asegura que cada experiencia que trata, le enseña a vivir de forma más plena su vida.

¿En qué consiste el trabajo concreto de un psicooncólogo?

Abarca cuatro áreas: la atención al paciente/familiar con cáncer, la formación, la prevención y la investigación. En el trabajo directo con la persona se le facilita el soporte emocional y la adaptación al proceso de la enfermedad para contribuir a mejorar su calidad de vida. Esto se traduce en estar presente, acompañar a las personas en el estado emocional que se encuentren en cada momento, desde el bloqueo y la confusión, pasando por la rabia, la tristeza o la angustia hasta las alegrías, e incluso la desesperanza. Escuchar con todo el cuerpo a la persona que tenemos delante, respetándola y pidiendo permiso para estar presente en lo más íntimo de su emoción. Para esto, los psicooncólogos empleamos la psicoeducación, la orientación psicooncológica y la psicoterapia, para dotar de herramientas emocionales y cognitivoconductuales que ayuden al manejo y control del huracán de sentimientos y pensamientos que despierta convivir con el cáncer durante todo el proceso oncológico (desde el diagnóstico, tratamientos, controles médicos, cuidados paliativos y duelo).

Beatriz Yusta

Beatriz Yusta J.A. RIERA

¿Hasta qué punto es importante para el paciente esta atención?

Desde el momento en el que este soporte le da un espacio para el desahogo emocional, porque muchas personas contienen sus emociones para evitar preocupar a sus seres queridos. Cuando expresamos lo que sentimos con un profesional de la Psicología, además tienes la oportunidad de obtener un feedback de tu proceso de pensamiento, emoción y conducta; y aprendes estrategias comportamentales que te ayudan a incidir en ese proceso para conseguir un cambio en el pensamiento y la emoción.

Los familiares son fundamentales a la hora de que el paciente asuma y afronte la enfermedad, ¿se les da algún tipo de información o, incluso, de formación?

A los familiares que lo desean, al igual que los pacientes, se les facilita el mismo apoyo psicooncológico, pero adaptado a sus necesidades de acompañantes o cuidadores.

Desde el punto de vista emocional, ¿qué fase de la enfermedad puede ser más difícil de superar?

En mi experiencia con las personas y familias que han pasado por este proceso creo que lo más duro es afrontar el final de la vida, cuando la enfermedad no tiene cura, ya no hay tratamientos oncológicos que puedan contenerla y se produce la pérdida de autonomía. Ese momento es muy difícil y doloroso. Poder aceptarlo sin resignarse y tener la capacidad de hablar de ello es digno de admirar.

¿Estamos, como sociedad, preparados para afrontar una enfermedad tan dura como el cáncer?

Pienso que cada vez tenemos más información sobre cómo las personas que tienen cáncer pueden experimentar el proceso, aunque todavía hay mucho que mostrar. Especialmente importante es dar a conocer a la sociedad cómo se les pueda apoyar; a veces, con la mejor de las intenciones, creemos que decir a las personas que sufren que ‘se animen y salgan’ o que ‘no piensen tanto’ les va a ayudar y ojalá así fuera, pero ellos mismos dicen que no es así. En la mayoría de los casos con escuchar es suficiente, no es necesario dar consejos. Como sociedad también precisamos reflexionar sobre cómo se produce la vuelta al mundo laboral, durante y después del cáncer.

Al hilo de lo que acaba de decir, y no solo en el mundo laboral, ¿considera que se estigmatiza a las personas que lo sufren?

Creo que, a día de hoy, aún se estigmatiza a las personas que han pasado por un cáncer cuando tienen que buscar un nuevo empleo. No todos los empresarios están dispuestos a contratar a una persona de la que se puede sospechar que se ausenta de su trabajo por citas médicas. Supongo que ocurre igual con otras enfermedades que pueden ser crónicas.

El otro día en este diario publicamos el caso de Mercedes Hidalgo, que tras superar el cáncer de mama, ahora lidia con las cicatrices que no se ven, las psicológicas. ¿Cómo se le dice a una persona así que siga adelante, que busque motivación?

No es fácil decirle esto… es necesario movilizar sus propios intereses y recursos personales para que ella misma quiera seguir adelante y, a partir de ahí, reforzar esa idea y ayudarle a encontrar la motivación que le devuelva el sentido de vida.

En su caso, además, se suma el problema económico. ¿Se vuelcan las administraciones lo suficiente?

Mi punto de vista en este aspecto es personal, ya que este tema no pertenece a mi área profesional, pero me permito decir que, hasta donde puedo ver y mis compañeros los trabajadores sociales de Apaac valoran, el dinero que percibe Mercedes y las personas que se encuentra en situaciones similares, no es suficiente para vivir dignamente y además lidiar con el cáncer. Por este motivo desde la Asociación se movilizan las redes necesarias para intentar mejorar esta situación económica que añade mayor sufrimiento al que ya supone la enfermedad.

Recientemente se ha hablado más que nunca de la salud mental tras el suicidio de la actriz Verónica Forqué. ¿Qué falla? O mejor dicho, ¿en qué fallamos para llegar a este punto?

En mi opinión un punto importante en el que fallamos en nuestro país es en que la atención a la salud mental no está normalizada en la sociedad general y, por eso, no se invierten ni los recursos económicos ni humanos suficientes para dotar a las unidades de salud mental de las plazas necesarias para cubrir la demanda que hay. E incluso, como en otros países europeos, facilitar la figura del psicólogo en los centros de salud que realice un filtrado y, a su vez, dé soporte y haga contención temprana. Si la presencia de los profesionales de la salud mental es mayor en los centros sanitarios, se ayuda a la población a normalizar y entender que es un recurso más para el cuidado de la salud de las personas. Es necesario borrar esa idea de ‘el que va al psicólogo está loco’; aún oigo mucho este juicio injusto y desacertado, que además estigmatiza a quien necesita el apoyo psicológico.

Como decíamos anteriormente, la atención que ofrece Apaac es gratuita, ¿de qué se nutren? ¿Cómo consiguen fondos para abordar todos los proyectos que llevan a cabo?

La Asociación, al igual que otras, se sustenta de subvenciones públicas y privadas, de socios, de donaciones puntuales y eventos benéficos. Trabajamos muy intensamente para tener un proyecto de trabajo muy sólido y eficaz, que cubre una gran demanda de atención a pacientes y familiares, lo cual refuerza el sustento a través de subvenciones. Lo ideal como asociación es que fuéramos capaces de mantener los servicios con las cuotas de socios, pero hoy día estamos muy muy lejos de esto.

Para finalizar, una de cal y otra de arena. ¿Qué es lo más duro de su trabajo? ¿Y lo más gratificante?

Sin lugar a duda, lo peor es cuando conozco a alguna persona que ha pasado por el cáncer y llega a mi consulta meses después del diagnóstico porque desconocía que este servicio estaba a su alcance. Darme cuenta de que esa persona ha necesitado apoyo psicooncológico y no lo ha recibido por falta información, me genera frustración, por lo que supongo que es necesario dar mayor visibilidad del servicio y cómo acceder a él. Lo más gratificante de mi trabajo es tener la oportunidad de acompañar a tantas personas en su paso por este proceso oncológico. Soy consciente del privilegio que es para mí que compartan conmigo sus sentimientos y pensamientos más íntimos. Estoy muy agradecida de poder aprender de sus experiencias y que, a su vez, me enseñen a vivir plenamente mi vida.

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